En Asiria y Babilonia se empezó a escribir obre tablillas de arcilla que, mientras permanecían blandas. permitían grabar las inscripciones por medio de cuñas de madera. Posteriormente estas tablillas se cocían y guardaban. Gracias a este procedimiento algunas de ellas han perdurado hasta nuestros días.
El material más útil para escribir en la Antigüedad fue sin duda el papiro, que se fabricaba a partir de una planta parecida a la caña. Este material fue utilizado aproximadamente hasta el siglo v a. C. El pergamino, hecho de pieles de animales jóvenes, tuvo mucha aceptación por su larga duración, a pesar de que era más costoso que el papiro.
Los papiros egipcios se conservan casi en su totalidad por haber sido guardados en tumbas selladas. Este no fue el caso de los escritos griegos y romanos, por lo que mucha de su producción literaria no se conserva.
La mayor parte de la producción literaria de la Edad Media se realizaba en monasterios, donde los monjes dedicaban muchas horas al arte de escribir e iluminar los textos. Dentro de lo que es la civilización occidental, la verdadera difusión de los libros no se dio hasta la invención de Ia imprenta.
La paternidad de imprenta europea se atribuye al alemán Johann Gutenberg. La primera obra impresa con el sistema de tipos móviles fue la Biblia, escrita en latín y compuesta con un tipo de letra que imita la caligrafía de la época, y que apareció alrededor de 1452.
Según parece, el papel se inventó hacia la misma fecha que la imprenta, aunque el pergamino se siguiera utilizando en la impresión de libros. La imprenta de Gutenberg fue rápidamente imitada en todos los países europeos. Su difusión fue tan rápida que hacia finales de siglo se habían instalado más de doscientas imprentas en toda Europa.
Uno de los avances importantes en el arte de imprimir lo constituyó el diseño de tipos nuevos y de mejor calidad. Aldo Manuzio fue tal vez quien creó los más bellos tipos. La «aldina» nombre de uno de sus tipos, fue el primer tipo itálico adoptado posteriormente en otros países.
En poco tiempo se había dominado a la perfección la técnica de la impresión. En el siglo XVI destacan impresores Johannes Froben de como Basilea, quien Imprimió en pergamino la versión del Nuevo Testamento griego realizado por Erasmo. John Day realizó en Inglaterra algunas obras excelentes. En España, Analdo Guillen de Broca imprimió la Biblia Poliglota Complutense en 1514.
El arte de imprimir sufrió un período de decadencia entre los siglos XVI y XVII, pero luego, con el perfeccionamiento de la máquinas, se volvió a una impresión de calidad.
Los inventos del siglo XIX dieron lugar a un aumento en la producción de libros, con su consiguiente abaratamiento. Las nuevas prensas se construían entonces con hierro en vez de hacerlo con madera, y los tipos estaban mucho mejor fundidos. Más tarde se incorporó la fuerza hidráulica, que abarató aún más el proceso de fabricación de libros.
Con la invención de la litografía, la impresión en color mejoró significativamente. A pesar de las mejoras en las imprentas, los tipos portátiles todavía se arreglan a mano, letra por letra.
La primera máquina para componer los tipos fue obra del doctor William Church y data de 1822; a lo largo del siglo surgieron varias versiones más, siendo la linotipia de 1884 la que obtuvo mayor éxito.
En 1878, el estadounidense Frederick Eugene Ives inventó un método de impresión fotográfica llamado del semitono. Hoy en día la impresión de libros se lleva a cabo por el procedimiento tipográfico o por offset Las máquinas tipográficas, muy perfeccionadas y rápidas, se basan en el mismo principio de Gutenberg. El método más moderno de composición mecánica es la fotocomposición: el texto se reproduce directamente en una película adecuada para la impresión en offset. Este método consiste en fotografiar primero lo que se debe imprimir para grabarlo ligeramente sobre una plancha de aluminio litográfico. Los libros se imprimen con planchas que contienen un determinado número de páginas. Una vez impresas, se pliegan al tamaño adecuado y se cosen entre sí.
Otras máquinas redondean y engoman los libros para luego pegar una tira de tela, igualarlo y recortarlo. Finalmente se colocan las tapas. Este método de encuadernación se usa para las grandes series de edición, aunque aún se emplean métodos manuales propios de la artesanía de otros tiempos.
