Literatura Italiana Mediaval

Literatura Italiana Mediaval Literatura Italiana Mediaval

Los primeros relatos en lengua dialectal italiana aparecen hacia fines del siglo XIII: las florecillas, escritas por franciscanos, y la obra de Jacopone da Todi.

En un intento de superar el formalismo sin sentido que está de moda, surge un nuevo ideal poético, llamado Dolce stil nuevo, en la obra de Guido Cavalcanti (1250-1300) y de Dante Alighieri (1265-1321). El nuevo ideal de nobleza, pureza y filosofía queda patente en las obras de Dante Il canzonniere, Vida Nueva y sobre todo en La Divina Comedia.

En los tercetos que forman los cien cantos que la componen, el autor hace una síntesis de la cultura medieval y anuncia ya el Renacimiento en su fervor por los clásicos. A la vez, sienta las bases para el inicio de la poesía moderna por la riqueza y la plasticidad de sus imágenes.

Francesco PETRARCA

Francesco Petrarca (1304-1374), de procedencia burguesa, representa la emancipación de su clase social: es el cantor apasionado del amor como ideal encarnado en su amada Laura. Guiado por su patriotismo, y buscando la gloria de su nación, llegó incluso a criticar la actuación del papado. En un intento de pulir y matizar la de por sí rigurosa lírica de sus sonetos, Petrarca fijó los cánones de los concetti o agudezas.

Giovanni BOCCACIO

Giovanni Boccaccio (1313-1375) es un escritor al que puede considerársele como el creador de la prosa artística para la novella (novela), además, era un humanista convencido. En un principio imitó a los clásicos latinos para ennoblecer el estilo de la prosa narrativa del dialecto vulgar. Autor de numerosos poemas líricos y narrativos, Boccaccio introdujo en la poesía narrativa italiana la octava real, que más tarde sería adoptada como la forma métrica obligada para la poesía de gran estilo. Pero el genio literario de Boccaccio se manifestó sobre todo en los cien cuentos que constituyen el Decamerón.

La acción de los cuentos se desarrolla en 1348 en Florencia, después de la aparición de la peste. Las leyes que más tarde rigieron las composiciones de este género vienen dadas por la técnica utilizada por Boccaccio.

Italia, después de Boccaccio, fue inundada por cuentistas que imitaban su estilo. Entre los mejores están Sacchetti y Fiorentino (siglo XIV), Masuccio, Bandello, Straparola, Grazzini y Giraldi, en el Renacimiento.

Nicolás MAQUIAVELO y otros autores

Nicolás Maquiavelo (1469-1519), padre de la «doble moral» y de la «razón de Estado», expuso su ideario en El príncipe.

Más refinado en su labor de atraer la nobleza a la Corte es el conde Baltasar de Castiglione (1478-1529).

En su obra El cortesano incita a la nobleza a cultivar el cuerpo y el espíritu y ejercitarse por igual en las armas y en las letras.

En la épica renacentista italiana puede advertirse una influencia clásica evidente, como en la obra de Matco Boiardo (1430-1494) Orlando enamorado.

Orlando furioso, obra de Ludovico Ariosto (1474-1533), tiene como tema el amor, mezclado con la fantasía y el heroísmo. En los mismos términos y estilo escribe Torcuato Tasso (1544-1595) en su Jerusalén libertada, en la que la acción es intensísima. Tasso cultiva también el idealismo bucólico en su obra Aminta, aunque el mejor representante de este preciosismo es Jacopo Sannazaro (1458-1530), con su Arcadia.

En el campo de la novela sobresale, por su acción y el enfoque social que da a sus temas, Mateo Bandello (1485-1561).

Otros poetas de esta época fueron Giangiorgio Trissino (1478-1550), Pietro Bembo (1470-1547), gran defensor del italiano como lengua literaria en lugar del latín, y Pietro Aretino (1492-1557), poeta satírico y cómico.

Compartir en redes sociales

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *