La música en termino general se puede definir como el arte del sonido. El sonido se origina por vibraciones periódicas producidas por un cuerpo y transmitidas a través del aire u otro elemento (agua o cuerpos sólidos). Estas vibraciones dan lugar a una impresión en el oído humano, el cual, si no se trata de un sonido confuso (de un ruido) es capaz de identificar el cuerpo que las ha producido.
Cada cuerpo produce vibraciones diferentes o, en lo que se refiere a la música, cada instrumento da lugar a una serie de sonidos propios que lo diferencian de otros Instrumentos.
Aunque podemos decir que toda vibración es sonido, normalmente y en un sentido estricto sólo hablamos de sonido cuando las vibraciones son regulares tanto en longitud como en amplitud. En el caso de que sean irregulares las llamamos ruido, y en el caso de que estén muy concentradas las llamamos estampido.
Al sonido que cumple las condiciones de regularidad señaladas se le llama también nota.
Por longitud de un sonido entendemos el número de vibraciones por segundo que produce dicho sonido en el aire. El mínimo de vibraciones que es capaz de captar el oído humano es de 30 por segundo, y el máximo, 20.000 por segundo, aproximadamente. Un sonido con menos de 30 vibraciones por segundo se llama infrasonido, y uno con más de 20.000, ultrasonido. Las diferentes posibilidades de longitud sonora (de longitud de vibraciones) reciben el nombre de tono o, también, altura.
Llamamos amplitud de un sonido a la potencia de sus vibraciones. El sonido será más fuerte cuanto más potentes sean estas vibraciones, y más débil en caso contrario. Evidentemente, también hay un máximo y un mínimo de amplitud admisible para el oído humano. Las diferentes amplitudes constituyen lo que se conoce como intensidad del sonido.
el TONO, la INTENSIDAD, el TIMBRE
Ciertas características o componentes se identifican comúnmente en el sonido. Los más corrientemente señalados son el tono, la intensidad y el timbre. Junto a éstos, también es importante distinguir su duración. Todos estos elementos intervienen en cualquier sonido y la variación de uno de ellos cambia la impresión del oído humano aunque los otros tres permanezcan constantes.
Los dos primeros, que podemos considerarlos fundamentales (puesto que de ellos depende que hablemos de nota o de ruido), los hemos explicado al hablar de longitud y amplitud del sonido.
El tercero, el timbre, está relacionado con el cuerpo productor del sonido. Dos sonidos de igual longitud y amplitud (de igual tono e intensidad) producidos por instrumentos diferentes (por ejemplo, por un piano y una trompeta) suenan distintos para el oído humano. La razón de esto es que cada cuerpo produce un sonido fundamental y unos sonidos secundarios que lo acompañan, y que dependen del material con que está hecho ese cuerpo (metal, vidrio, etc.). Los sonidos de forma secundarios son los que determinan el timbre. Hoy en día es posible crear tonos sin tonos mediante la electrónica: se llama ruido blanco.
En música (al menos en la música occidental) no se empezó a dar importancia a este elemento hasta hace sólo dos siglos. El sonido se crea con el tiempo, tiene una duración. Cuando se combinan diferentes notas, la duración de éstas puede hacer que el conjunto sea más o menos variado. Este elemento es también limitado: el oído humano es incapaz de captar (con claridad) un sonido que dure menos de una centésima de segundo.
Cuando mayor sea el número de vibraciones, más agudo será el sonido y, al contrario, cuando más abajo sea, aumentará su gravedad.
Hasta aquí hemos hablado del sonido como un elemento físico. Sin embargo, hemos hecho ya una distinción entre unos sonidos claros (notas) y otros confusos (ruidos) que sirve para distinguir entre sonido musical y sonido no musical (aunque hay que advertir que para un número importante de compositores contemporáneos el ruido puede ser una pieza musical).
