Organizar sonidos significa fundamentalmente ponerlos en relación unos con otros de forma que se obtenga un conjunto determinado. Para hacerlo, se pueden utilizar dos conceptos generales: ritmo y melodía. La dificultad de definirlos parte del hecho de que no existe una unidad a la hora de entender su significado. En general, podemos afirmar que el ritmo hace referencia a la separación entre los sonidos, y la melodía a su unidad. Sin embargo, no podemos hablar del uno sin la otra, ni a la inversa: ritmo y melodía van unidos en cualquier pieza musical.
Podemos observar, por ejemplo, que en una banda de jazz se habla de sección rítmica (percusión, contrabajo, etc.) y de una sección melódica (saxos, piano, etc.); esto no significa que haya unos instrumentos rítmicos (y solamente rítmicos) y otros exclusivamente melódicos, sino que sobre la sección rítmica se carga el mayor peso del ritmo, y sobre la melódica, el mayor peso de la melodía.
el RITMO
El ritmo hace referencia a la ordenación de las pausas, velocidades y acentos. Si golpeamos un tambor tres veces, tras las cuales hacemos una pausa, y volvemos a golpear tres veces, etc., obtendremos un ritmo sencillo. Si prolongamos la pausa, o el tiempo entre las tres notas, variaremos el ritmo haciéndolo más lento. Por el contrario, si lo acortamos, produciremos un ritmo más rápido. Si de estas tres notas diferenciamos una elevando su tono, el ritmo sufrirá una variación con lo que tendremos un cambio de ritmo relacionado con la melodía.
También obtendremos un ritmo diferente marcando cuatro notas, en lugar de tres, etc. Hay que advertir, sin embargo, que, en el caso de elevación del tono, la intensidad diferente de una nota afecta al ritmo en función de un hecho primordial: la repetición; un cambio de intensidad por sí solo no pertenece a la rítmica, lo hace cuando se repite en una cadencia determinada, con lo que es capaz de contribuir a marcar un ritmo. Los cambios rítmicos dan variedad, e incluso es frecuente hacer evolucionar el ritmo de una pieza de manera que vaya transformándose.
la MELODÍA
Cuando un instrumento emite los sonidos uno detrás de otro, el oído humano los relaciona entre sí, de manera que la percepción del segundo está condicionada por el recuerdo de la percepción del primero. Así, una misma nota no produce en el oído la misma impresión si ha sido emitida después de una nota grave que si lo ha sido después de una aguda.
La melodía se basa en este fenómeno: es el resultado de una sucesión de notas con variaciones de intensidad. La palabra melodía también contrasta con armonía. La primera hace referencia a la sucesión de las notas y la segunda a la simultaneidad de éstas. Ya explicamos anteriormente (ver el apartado titulado «El Sonido») que un sonido no es nunca puro, sino que se compone de un sonido principal y varios secundarios o armónicos. Desde el momento en que aparece la polifonía (música con varios sonidos simultáneos), surge la necesidad de combinar los sonidos de manera que formen acordes.
En principio, los acordes se pensaron para que esta unidad fuese consonante y todo estuviese compensado; pero determinadas corrientes musicales, al reivindicar el valor de la disonancia, hacen que no se pueda hablar de este tipo de armonía como la única existente. Pero puesto que los sonidos no tienen un valor por sí solos, sino que están en función de los anteriores y los posteriores, la composición musical no se centra sólo en coordinar las notas simultáneas sino que, desde el momento en que aparece la polifonía, intenta conjuntar las diferentes líneas melódicas simultáneas.
Las dos formas básicas de hacerlo son el contrapunto (una línea básica y varias que se contraponen a ella) y la homofonía (todas las líneas se desarrollan igual).
