INDIA
En la India, los textos más antiguos son los Vedas, obra de la alta casta que profesaba la religión hindú, los brahmanes. Los Vedas están compuestos por poemas e himnos divididos en cuatro libros: Rigveda, Brahmanas, Aranyakas y Upanishad, todos ellos escritos en sánscrito. En esta misma lengua hay dos poemas épicos muy conocidos: el Mahabharata, que consta de más de 200.000 versos, y el Ramayana, que en sus 48.000 versos narra la historia de un rey hindú y sus cuatro hijos.
Paralelamente a las obras hindúes, hay colecciones budistas escritas en sánscrito por seguidores de Buda. Pero el sánscrito no es la única lengua utilizada en la India. En el siglo XIII aparecieron obras en lengua indostánica, pero no fue hasta tres siglos más tarde que ésta llegó a consolidarse.
En la literatura persa destacan Firdawsi, con su poema épico ShahNama, y Omar Khayyam, muy conocido en el resto del mundo.
CHINA y JAPÓN
Las obras literarias chinas tienen una antigüedad de unos 3.000 años. Gran parte de estas producciones fue recopilada por Confucio, quien vivió entre los años 551 y 479 a. C. Otros poetas posteriores, tales como Mencio, Wang Wei, Li Po, PoChu-Yi o Tu Fu, han demostrado que la poesía china es, en general, mucho más impresionante por su belleza y sensibilidad que por su fondo.
En Japón no empezó a utilizarse el japonés como escritura propia hasta el siglo III, momento hasta el que se escribía en chino. Los escritores y poetas japoneses desarrollaron, a partir del siglo X, una literatura propia cuyos máximos exponentes fueron Kino Tsurayuki, Murasaki Shikibu, Sei Shonagon e Izumi Shikibu.
el mundo ÁRABE
Veamos lo que ocurrió en el mundo árabe. Antes de Mahoma, muerto en el año 632, existió una tradición poética beduina, las qasidas, que celebran la miseria y el orgullo de la vida del beduino.
Con el Corán, libro sagrado de los musulmanes escrito por Mahoma, profeta de Dios, la literatura árabe toma otro rumbo: a la vez que recoge la palabra de Dios, constituye un libro profético con gran sentido político y social.
Sin embargo, no toda la literatura arábiga es puro lirismo. El Occidente medieval se interesa sobre todo por los libros dedicados a las ciencias (Msudi), el derecho (El Bujari), la filosofía (Avicena), la astronomía (Albatenius), la medicina (Razis), la historia (Ibn-Jaldún), el enciclopedismo (Averroes). En el campo de la narrativa, la obra más conocida es el libro de Las mil y una noches, recopilación anónima de cuentos de influencia indo-persa que reflcjan la vida cotidiana de la época abasida y que llegó a Occidente por la traducción realizada por el francés Gallaud en el siglo XVIII. Este libro se ha convertido en una de las colecciones de cuentos más populares del mundo.
Mucho más antigua que el Corán es la Biblia, cuyo Antiguo Testamento, junto con el Talmud, constituye una de las fuentes fundamentales de la religión judía, en la que destaca la fe y la observancia, el monoteísmo y la conciencia de ser el pueblo elegido. Se considera que los libros del Antiguo Testamento fueron recopilados por el judío Ezra hace unos 2.500 años, aunque su origen es mucho más antiguo.
La copia más antigua de los testamentos está escrita en griego y data del siglo IV. Se conserva en el Vaticano. Le sigue luego el Codex Alexandrinus, del siglo V. A caballo entre el Lejano Oriente y Occidente están las culturas sumerobabilónicas, que consiguen el término medio entre los dos tipos de literatura, fundamentalmente con la epopeya de Gilgamesh (II milenio a. C.). Se trata de una leyenda babilónica plasmada en más de 3.000 versos escritos en doce tablas y que narra el peregrinaje del rey sumerio Gilgamesh en bus- ca de la inmortalidad y su encuentro con Enkidu.
